Pensar que no se puede hacer nada para mejorar la salud ecológica de la Tierra o que hacerlo resulta demasiado complicado es un error. Una serie de actos cotidianos pueden ayudar a moderar los efectos del cambio climático. El esfuerzo para aplicarlos es pequeño, pero sus beneficios, ¡enormes!
“El mayor de todos los errores estriba en no hacer nada porque sólo puedes hacer poco”, señalaba en una de las frases más célebres, el escritor y clérigo británico Sydney Smith.
Esta sabia idea no sólo puede aplicarse para mejorar la propia vida, por medio de pequeños gestos, sino también la del planeta, la cual no depende solamente de las decisiones y acciones de los grandes actores económicos y políticos, sino también de los “granitos de arena” individuales que pone cada habitante.
Basta con aplicar unos pequeños ajustes en las conductas y costumbres cotidianas, que muchas veces nos pasan inadvertidas, para mejorar el medio ambiente. 
Estas medidas pueden aplicarse de inmediato, son sumamente sencillas y no cuesta mucho ponerlas en práctica:
- Una vez que la batería de tu teléfono móvil se ha recargado, desenchufa el cargador de la red en vez de dejarlo “preparado para otra recarga”, porque sigue consumiendo electricidad.
- Cuando dejes una habitación, aunque pienses retornar dentro de unos pocos minutos, acostúmbrate a dejar las luces apagadas. La luz de un cuarto que permanece encendida durante dos horas, equivale a una emisión a la atmósfera de 0.15 a 0.20 libras de uno de principales contaminantes: el dióxido de carbono (CO2).
- En lugar de darte un baño prolongado, date una buena y rápida ducha. Además de tiempo, dejarás de gastar una importante cantidad de agua; un ahorro que también se nota en la factura.
- Si riegas de noche las plantas y tu jardín, aprovecharás mejor el agua, porque a última hora del día la tierra absorbe mayor cantidad de líquido, mientras que durante el día éste se evapora con facilidad, no llega bien a las raíces y después hay que echarle más agua.
Ahorra recursos y energía
- Imprime solamente aquellos documentos electrónicos que realmente et resulten necesarios, porque cada libra de papel que se consume equivale a más de tres libras de árboles que se talan.
- Pon en funcionamiento las máquinas automáticas para lavar la ropa ó la vajilla sólamente cuando estén completamente llenas, ya que de esa manera se ahorra una considerable cantidad de energía, sobre todo el “lavaplatos”.
- Evita dejar tus aparatos electrónicos, como la cadena musical, reproductores de video o la televisión en “stand by”, es decir “a la espera”, porque el diodo rojo que se enciende al apagarlos, indica a las claras que siguen consumiendo electricidad.
- Cuando cuezas los alimentos en una olla o cacerola, colócale la tapa, ya que de ese modo el agua alcanza antes su punto de ebullición, comienza a hervir antes y se puede llegar a economizar hasta un 30 por ciento de energía.
- Recuerda que tu váter no es una papelera o el cubo de la basura. Si tienes la costumbre de arrojar dentro desde papelitos hasta restos de comida u otros residuos, ten en cuenta que no sólo puede atascarse, sino que además consume más cantidad de agua, lo cual perjudica a tu bolsillo y al medioambiente.
- Modera el uso del agua caliente y de la calefacción, ya que representan más del 60 por ciento del consumo energético que tiene lugar en un hogar promedio. Cada grado de temperatura que se sube la calefacción, aumenta el gasto de energía doméstica en alrededor un cinco por ciento.





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